24/04/2026

Estadísticas

/ Superioridad del análisis cuantitativo /


Se suele decir eso de «Es evidente; los datos hablan por sí mismos». Tardé en encontrar una definición de evidencia que permitiera sostener una conversación fundada, hasta que finalmente la hallé, en la Ley de fundamentos para políticas basadas en evidencias de los EEUU, ley aprobada en 2018.
Las estadísticas no mienten. Lea por qué.

La ley estadounidense señala que evidencia es, a los efectos de la misma, la información generada por una actividad estadística con propósito estadístico (conceptos igualmente definidos en dicha ley), "útil -se dice en el original- para la Evaluación". La Comisión Europea está refiriéndose últimamente a políticas informadas por la evidencia, en lugar de políticas basadas en evidencias. Me parece acertada esta opción, que descargaría de connotaciones tecnocráticas a la formulación de las políticas públicas.
Pero evidencia no son simples datos, es decir, el registro medido de un atributo dado de un fenómeno. Evidencia es información, obtenida mediante estadísticas. Pero lo que establece definitivamente la evidencia es que es información que lleva a quien la conoce a una conclusión.
Report of the Commission on Evidence-Based Policymaking, pág. 8,
que puso las bases de la ley. Comisión bipartita del legislativo de los EEUU (2017)
Sin embargo, nada se dice en la definición de evidencia acerca de la validez de tal conclusión ni de la información que la sustenta.

Forges. Viñeta del 14 de mayo de 2013 en El País.

Es decir, la evidencia, la estadística, no es errónea, no es incorrecta. Simplemente, puede no ser pertinente al problema que se está examinando. La pertinencia es uno de los criterios que emplea la disciplina de la Evaluación de Políticas Públicas.
El político nos dirá de la existencia de determinado «problema público» supuestamente acreditado por tal o cual evidencia; o más corrientemente oímos de su parte propuestas de soluciones a problemas acreditados por tal o cual evidencia.
Recordemos, no obstante, que una conclusión puede ser correcta, pero, sin embargo, la información o el dato subyacentes a la citada conclusión pueden no decir correctamente del problema público (del problema social que ha conseguido entrar en la agenda pública).

Las más de las veces el dato que se maneja como evidencia no deriva de una descripción correcta ("pertinente") del problema.

Así, la pretendida rotundidad del conocimiento científico-técnico o experto o del procesamiento del acúmulo estadístico como base de la actuación pública desfallece.
La formulación de una política pasa, ya en su mismo origen, por la pertinente definición del problema público (del problema social que ha sido incorporado a la agenda pública por el sistema sociopolítico).
¿Quién puede decir, en cada caso concreto, acerca de la validez de una evidencia en torno a un problema público? La Evaluación de Políticas Públicas lo hará, a través de la aplicación de los criterios de evaluación a la información científico-técnica y estadística.

El tópico "dato mata relato" no es siempre válido, a priori, en socioeconomía; lo será si supera el test de la pertinencia ;-))

Los criterios de evaluación de políticas públicas (como el de pertinencia, o los de eficacia, eficiencia, coherencia, participación, etc., u otros, como equidad o cobertura) arrojan luz sobre argumentarios oscuros o incompletos, o directamente negacionistas, y espantan las posverdades, tan comunes en la conversación social y pública de hoy.
Una opinión -una aseveracióin cualquiera emitida por alguien- no es, pues, evidencia.

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